de
las Constelaciones
La
prosperidad es la consecuencia de un buen dar y un buen tomar.
En la relación con los demás damos lo que tenemos y tomamos
lo que nos falta y a través de de este intercambio en el dar
y el tomar, nos enriquecemos y crecemos como personas.
Inicialmente quien da, está en una posición superior,
ya que se siente en el derecho de recibir y el que toma se siente en
deuda con el otro. Sólo cuando devolvemos algo más de
lo que hemos recibido se mantiene el intercambio. Pero si devolvemos
de manera exacta lo mismo que hemos recibido, como no se deben nada,
ni están en deuda, la relación se acaba .Por eso, por
amor al otro le acabamos devolviendo lo que hemos recibido y algo más.
El que sólo toma acaba siendo como un niño y el que sólo
da, acaba siendo como un padre o una madre (superior, libre) que niega
la relación de igualdad con los demás. Este tipo de relación
se complementa, pero es patológicamente perfecta, no sana.
Cuanto más profundizamos en el intercambio entre el dar y el
tomar, nos sentimos menos libres y más vinculados a la otra persona,
pero así también, cada vez recibimos más. Quien
quiere sentirse libre huye del intercambio y da lo menos posible, se
siente libre, pero también recibe poco, y por tanto tiene poca
prosperidad..
Existe una regla básica que consiste en dar sólo lo que
el otro esté dispuesto a devolver y no querer más de lo
que el otro nos puede o quiere dar. De esta forma no presionamos para
que los demás cubran nuestras necesidades. Si la persona con
la que nos relacionamos nos devuelve poco o algo que en realidad no
necesitamos o no deseamos, o bien nos conformamos o bien buscamos a
alguien más compatible con nuestras necesidades.
La única relación donde no podemos alcanzar ningún
equilibrio entre dar y tomar, es en la relación con los padres,
los padres dan y el hijo toma. Y el hijo puede pasar a sus hijos lo
que recibió y dar a sus padres las gracias por lo que le han
dado. Sin embargo, cuando el hijo en lugar de recibir de sus padres,
se coloca en la posición de dar, con respeto a ellos, no estará
respetando el orden correcto y se castigará no teniendo prosperidad
en su vida.
El hijo que no toma a sus padres, no puede pasar mucho a los demás,
permanece estancado en la etapa de niño/a y no puede desarrollarse
como adulto. Es decir, si exige a sus padres que sean perfectos y le
den en todo momento lo que necesitan, permanece en un estado infantil.
Gracias a la imperfección de nuestros padres, crecemos y progresamos
porque buscamos fuera lo que nos falta. La persona que lo tiene todo
no necesita a los demás, ¡ya está completo!
Por tanto, la prosperidad consiste en, primero, llenarnos tomando con
humildad y agradecimiento lo que nos dieron nuestros padres y, segundo,
dar al entorno lo que hemos tomado y tomar lo que nos falta. La respuesta
del entorno a este dar a los demás, es la Prosperidad.