Somos pura expresión, lo que hacemos, como nos vestimos, lo que
comemos, nuestro cuerpo físico, todo dice algo acerca de nosotros.
La comunicación es nuestro intento consciente de transmitir pensamientos,
sentimientos, anhelos.
Somos individuos y necesitamos expresar nuestra individualidad, pero
también formamos parte de un sistema mayor y esta parte también
tiene su expresión.
Expresamos nuestras ideas y nos manifestamos conforme a nuestra imagen
de justicia en las relaciones con los demás, tratamos de mantener
un equilibrio entre lo que damos y lo que tomamos y en este punto nos
sentimos bien.
El sistema familiar del que formamos parte también tiene su expresión
y su búsqueda de equilibrio. En ocasiones una persona que ha
sido injustamente tratada o ha sufrido un destino trágico se
expresará a través de alguna persona de una generación
posterior.
Tal vez a un hermano de mi padre lo excluyeron porque se casó
con alguien que la familia no quería, y yo, sin haberlo conocido,
puedo sentirme excluido y enfadado con mi familia sin que a mi me hayan
hecho nada. Este sería el lenguaje de los antepasados y del sistema,
a través de las generaciones venideras.
En los grupos de constelaciones familiares lo que ocurre es una expresión
de aquello que ocurrió y desequilibró la paz del sistema.
Desde este punto se busca compensar aquello y reestablecer el orden
y el lugar de cada miembro del sistema.
De esta forma, hay sistemas en los que ha existido un perpetrador que
causó un gran daño a una víctima y un gran secreto
envuelve estos sucesos, siendo muy incómodo hablar de ello. También
esto es injusto, la víctima no solamente sufrió el daño
si no que también sufre que se ignore lo que le ocurrió.
Es en este sentido cuando los secretos de familia crean intranquilidad
entre los miembros del sistema, como mensaje de que algo no está
bien.
Berth Hellinguer expone un caso en el que el marido engaña a
la mujer y esta en lugar de defenderse se muestra complaciente y sumisa,
posteriormente la hija de esta pareja tiene enfados injustificados hacia
su marido. Cuando el caso fue tratado, la mujer pudo comprobar como
cargaba con una rabia que no le correspondía a ella si no a su
madre, y además no la dirigía contra quien la origino,
su padre, si no contra su marido. Sin ser consciente una identificación
de sentimientos como esta o una implicación sistémica
puede estar causando dolor en algún aspecto de tu vida.
Siguiendo mi fidelidad sistémica me sentiré en paz no
solamente cuando yo sea reconocido en mi lugar, sino cuando todos en
mi sistema lo sean. Por otra parte debemos cuidarnos mucho de no saber
más allá de lo necesario. Es muy fácil emitir juicios
y opiniones, está bien o mal sobre circunstancias que no hemos
vivido. También se encuentra la intranquilidad cuando quiero
saber demasiado y no dejo a mis antepasados tranquilos.
En este sentido los antepasados nos transmiten un mensaje pidiendo que
se reconozca su lugar y que se les deje descansar en paz.
Es importante que pueda dar un espacio en mi sentimiento, en mi corazón,
a todos los miembros de mi sistema y a todos mis antepasados. Si dentro
de mi todos tienen su espacio me sentiré mucho más tranquilo.
La mayor dificultad a la hora de expresarse es el miedo. Miedo a no
gustar tal como soy, a ser rechazado por mis ideas, sentimientos, anhelos.
Deseamos la aprobación del sistema y en ocasiones expresamos
lo que desean oír de nosotros en lugar de lo que sentimos. Este
miedo es otro mensaje que me indica hasta que punto necesito más
la aprobación del entorno o la expresión de mi verdad.
Somos tan honestos en nuestra comunicación como lo seamos a la
hora de enfrentarnos a nuestros fantasmas y optemos por el camino de
vernos tal y como somos. En cada ocasión que nos sentimos mal
con alguien o con nosotros mismos, es también una expresión,
la comunicación profunda de que algo no estamos haciendo bien.
Si no escuchamos los mensajes, irremediablemente se repetirán
con más y más fuerza pudiéndose convertir en patrones
de nuestra vida. La calma se encuentra en el punto en que reconozco
mi espacio en equilibrio con el otro y con el sistema y para que esto
se de no queda más alternativa que mirar dentro y reconocerme
tal y como soy.
Seamos conscientes de ello o no todos sabemos leer en cierto grado el
lenguaje no verbal y en los primeros instantes obtenemos la mayor información
de las personas que conocemos, si mira a los ojos o aparta la mirada,
si su voz es segura o no, si sus gestos son coordinados o bruscos. Esta
habilidad nos hace clasificar a las personas de una manera u otra. ¿cómo
sería hacer esto con nosotros mismos? Si un día nos pusiéramos
delante del espejo y dijéramos ¿cuál es mi mensaje
no verbal? ¿transmito el mensaje de ser una persona feliz?
Si todos reconociésemos nuestro lugar y el de los demás,
sería difícil imaginar conflictos en el mundo.
(ver entrevista)
Carlos
Escudero
Constelador
http://www.sanave.net